Ratatouille y el éxito empresarial

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Imbuidos, como estamos, del espíritu navideño, nos hemos sumado como espectadores a la maratón de películas infantiles y de animación que programan en estas fechas las cadenas de televisión. El domingo le tocó el turno a ‘Ratatouille’, un canto a la vida y a la superación, a la lucha por un sueño. Ratatouille es mucho más que una película. Es una enseñanza y la experiencia del pequeño ratón ‘diferente’ y talentoso rezuma sabiduría, espíritu de superación. Resume nuestro mensaje, aquello que nos gusta transmitir a todos con quienes colaboramos.

Qué locura, ¿verdad? Al fin y al cabo se trata solo de un roedor ficticio. No tanto. Atención a las frases que sueltan nuestro pequeño amiguito y sus compañeros en la pequeña pantalla:

– “¿Sabes leer?[…] ¿Y lo sabe papá? Podrían escribirse muchos libros con lo que papá no sabe. De hecho, se han escrito. Por eso leo”.

Tendemos a pensar que nuestro mundo es universal. Sin embargo, hay cantidad de conocimientos fuera de nuestro entorno más cercano. Ampliemos fronteras, formémonos, busquemos casos e iniciativas de éxito. No basta con ser el mejor de nuestra casa; el mundo es muy grande y siempre habrá alguien de quien aprender. Sepamos más. Las buenas ideas no surgen de la nada.

Ratatouille. Libro Gusteau

-“Si te centras en lo que dejas atrás no podrás ver lo que tienes delante”

¡Hay que despertar! De poco, o más bien de nada, sirve el lamento. Vivimos en la era del cambio. La educación que conocimos, que pretendía servirnos para toda una vida, ya no es válida. El mundo actual nos obliga a aprender continuamente. Lo que ayer era válido, hoy quizás no nos sirva. Y es que un mínimo despiste, el más breve letargo, puede hacernos perder nuestra posición en el mercado. Basta con tener competidores más avispados que ideen una mejor estrategia de marketing, que incorporen la enésima mejora tecnológica. El consumidor de hoy en día no tiene nada que ver con el de hace años: es más maduro, mejor formado, más exigente. Aprende cada día. Nos exige que le hablemos de frente, de tú a tú. La comunicación entre la empresa y el cliente se vuelve más cercana. El cliente tiene siempre la razón y nos quiere enfrente en todos los lugares, no solo cuando sale de compras o a disfrutar un servicio, también en Internet.

-“El cambio está en nosotros”

Las circunstancias económicas son las que son y, en términos generales, no está en nuestra mano modificarlas. Pero eso no significa que no podamos mejorar. Busquemos nuevos nichos de mercado, identifiquemos las necesidades y actuemos. No podemos tener miedo a pensar y a ser diferentes. Citando a George Bernard Shaw, “el hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable intenta adaptar el mundo a sí mismo. Por tanto, todo progreso depende de los irrazonables”.

Tú haces el cambio. Tú eres el cambio. Si esperamos a que alguien nos ayude, a que el mundo cambie, corremos el riesgo de fallecer antes de recibir aliento. ¿Cómo vamos a llegar a un punto diferente si nos empeñamos en tomar el mismo camino?

 -“Emile no me comprende pero con él puedo ser yo mismo”

Ratatuile 2

No podemos tener miedo a ser nosotros mismos, a pensar distinto. Tampoco podemos aspirar a que todo el mundo nos comprenda o entienda. A la gente le cuesta cambiar el chip y apreciar una oportunidad en lo que ellos estiman una pérdida de tiempo o de dinero. No desesperéis haciéndoles entender. No hace falta. Sabremos que son los compañeros de viaje adecuados si están a nuestro lado y nos apoyan a pesar de la divergencia de opiniones. Es fundamental atender a sus consejos, tomar nota de sus críticas, sopesar con calma cada una de sus aportaciones. Si nos convencen, podemos frenar. En caso contrario, no dejes de apretar el acelerador.

-“¿Adónde vas? Con suerte, hacia adelante”

El mundo es incierto y nada ni nadie nos puede asegurar el éxito pero esa no es razón para no moverse. Es casi una cuestión de supervivencia. Alejemos los fantasmas del fracaso. Pongamos distancia entre nosotros y ese perseverante pesimismo arraigado en nuestra cultura. La inercia acostumbra a impulsarnos hacia adelante, incluso cuando pensamos que el salto nos ha colocado varios pasos para atrás. Porque de los errores se aprende. Y, si no es a la primera, será a la segunda. O quizás a la tercera. Apple estuvo en los noventa al borde de la quiebra. Recordémoslo.

-“En muchos sentidos, el trabajo de un crítico es fácil. Arriesgamos poco porque gozamos de una posición que está por encima de los que exponen su trabajo y a sí mismos a nuestro criterio. Nos regodeamos en las críticas negativas que son divertidas de escribir y de leer. Pero el hecho más amargo que debemos afrontar los críticos es que, a la hora de la verdad, cualquier producto mediocre tiene probablemente, más sentido que la crítica en la que lo tachamos de basura”.

-¡Es tan fácil la crítica! Lo verdaderamente complicado es desmenuzar una idea, desnudarla para vestirla nuevamente con el traje que mejor se adapte a la realidad de nuestro negocio y a las necesidades de nuestros consumidores. Dejemos el trabajo fácil para los otros. Nosotros somos los afortunados porque pensamos y creamos, con osadía. . “Cualquier puede cocinar”, decía Gusteau. Cocinemos, pues, el éxito.

Ratatouille

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